La presentación de The Factory abarrota la Casa de Cultura

Cultura y Sociedad | | publicada el 3 febrero, 2012 a las 4:33 pm

Informa: Soraya Rodriguez

Tras dos años de intenso trabajo ayer vio la luz el primero de los proyectos de la saga The Factory, un trabajo de la Asociación Cultural On que a través de una magnífica exposición del fotógrafo Paco Santamaría y de un documental elaboradora por la productora Trece Grados nos ofrece una retrospectiva de la Azucarera arandina que cerró las puertas a mediados de la década de los 90. Nadie quiso perderse ayer el estreno del trabajo, de hecho, la Casa de Cultura se quedó pequeña para la cantidad de público de asistió al evento.  También estuvieron allí muchos de los protagonistas del proyecto, esos trabajadores que con sus recuerdos y vivencia han hecho posible que ahora, en pleno 2012 conozcamos un poco más a fondo la realidad de lo que fue esa fábrica y, por qué no, también de lo que fue la última mitad del siglo XX. Francisco Arranz era secretario de dirección y trabajó durante 39 años en la azucarera arandina. Tras el cierre de la misma él fue trasladado a Peñafiel pero, todavía hoy se emociona al recordar el que fue su lugar de trabajo durante mucho tiempo. Por cierto que Francisco también recuerda lo que supuso la implantación de la Azucarera en nuestra comarca.  También Félix González formó parte de esa plantilla que cada día ponía en marcha la factoría. Félix desempeñaba las labores de calderero, es decir,  diseñaba los dibujos de calderería como tolvas o tuberías. Una labor importante que Félix mamó desde muy joven. 25 años en la fábrica que terminaron con una negociación del cierre de la factoría, negociación de la que Félix formó parte y que llevó a que algunas personas se quedasen en la calle.
Hablando con las personas que formaron parte de la familia de la Azucarera, nos damos cuenta de que todos coinciden en una cosa, no les ha gustado lo que han visto al volver a lo que, en su día, fueron sus puestos de trabajo. Y es que el estado en que se encuentra la fábrica nada tiene que ver con el de antaño.  En la azucarera, todos tenían una funcionan delimitada, por ejemplo no se movía una remolacha sin que Antonio  Miguel Niño lo supieses y es que él se encargaba de la parte de cultivos.  Como es lógico, al principio, toda la gestión de datos se hacía a mano pero Antonio recuerda perfectamente  el avance que supuso la llegada de la informática. Por supuesto, también  se acuerda de que el cierre de la fábrica supuso una caída en importante en el sector agrícola de la zona.
Gracias al trabajo de la Asociación Cultural On muchos han revivido momentos importantes de su vida, otros han conocido que suponía la fábrica para Aranda y, sobre todo, muchos de los 22 trabajadores que han participado en el proyecto piden que se intente recuperar  y dar algún uso a lo que en su día fue una importante fuente de riqueza.

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