La Arandina sobrevive al árbitro y mantiene sus opciones en la Copa Federación

Deportes | | publicada el 4 marzo, 2011 a las 10:21 am

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Fotografía: cdpuertollano.com

Informa: Área11

Puertollano y Arandina dejaron para la vuelta la resolución de su semifinal en la Copa Federación, después de que los industriales cultivaran, con excesivo sufrimiento, una eliminatoria exigua que les asegura sudor en el partido de vuelta.
Cumplieron las previsiones iniciales ambos técnicos, y no se enzarzaron en experimentos raros a la hora de poner sobre la pizarra, y en nombre, el dibujo del partido. Jacobo Maestre, conocedor de lo importante del choque para el devenir de la temporada de un equipo demasiado lejos de la batalla por la gloria en el campeonato doméstico, salió con todo lo que tenía. O casi todo, porque prefirió la sobriedad de Pomar en el lateral que la eterna tendencia al ataque de Ormazábal, mucho más ofensivo y, por ende, más determinante para partidos en los que hay que morir en área rival. Zapatera, por su parte, también cumplió los pronósticos. Jugó con un ojo pendiente del Villaralbo, y dejó en el banquillo a piezas fundamentales como Ayrton, Oskitz o José Ángel, en espera de que el partido no le diera razones para tener que tirar del talento de los últimos y de la explosividad del primero, para poder tenerlos a punto de cara al fin de semana. Y si el partido le daba motivos, él lo vería desde la grada, porque el técnico de la Arandina fue expulsado a la media hora de juego, después de que Gil Racionero se acercara por segunda vez a su banquillo para tratar de ahogar, con su presencia, las protestas.
Durante toda la primera parte, apenas hubo fútbol. Muchas interrupciones por parte de los visitantes, pero era el guión conocido, porque la Arandina no había viajado hasta Puertollano para proponer. La iniciativa correspondía a los locales, que no supieron manejarla. Para evaluar a los visitantes, bastó con ver los primeros cinco minutos del partido, la primera posesión. Acomodaron un balón llovido en la defensa y circularon en busca del ataque. Aplomo, desde luego, no le faltaba al cuadro visitante. Le faltó, en cambio, a los locales, que todo lo que hicieron lo consiguieron a base de buscar en largo la clarividencia que no encontraban en corto.
Las faltas tampoco dejaron mucho espacio para la imaginación. El partido se detuvo con constantes interrupciones cada vez que los equipos trataban de jugar, y el Puertollano nunca llegó a encontrar el ritmo que le convenía para tratar de buscar ventaja de cara a la vuelta. De hecho, la ocasión más clara la tuvo la Arandina, después de una muy buena jugada parida de un error de coordinación del medio campo azul. La transición, rápida de izquierda a derecha, dejó a Lolo delante de Nacho, que sólo contaba con la ayuda de Raúl Aguilar. Le sobró sangre fría al delantero, que después de driblar al central dio lugar a que Olmo se le echara encima, y entre los dos enviaron el balón por encima del larguero de la meta industrial.
El primer disparo de los locales tuvo que esperar hasta los minutos finales de la primera mitad, pero, como acostumbra, en el vómito ofensivo vinieron varios intentos. Primero, Encinas probó con dureza las manoplas de Álex, que repelió bien el balón con los puños. Después, le tocó el turno a Addison, desde la frontal. Dibujó una parábola preciosa el disparo del brasileño, que por una vez no optó por la fuerza, pero el balón, ante la mirada de todos, fue escupido por el larguero de la meta burgalesa. A la tercera fue la vencida. La jugada comenzó en la izquierda y empezó a terminar desde la derecha, con un centro de Pedro Díaz al corazón del área. Trató de rematar Nando, pero la pelota quedó muerta entre el portero y Addison, que estuvo más rápido que el meta y le batió con tranquilidad. Al descanso, tres interrupciones después, se llegó con la ventaja de los locales.
El gol no varió un ápice el panorama de cara al segundo tiempo. El encargado de proponer seguía siendo el Club Deportivo Puertollano, mientras que la Arandina, confiada en sus opciones de remontar en casa un marcador tan exiguo como el que campaba en el marcador, esperaba su oportunidad de dar un zarpazo a la contra. Como en el campo no había pimienta, la pusieron desde la banda. En concreto, Jacobo Maestre, que decidió retirar del terreno de juego a Addison, el único de los dos delanteros que había creado peligro, para meter a Xisco. Reforzo así el centro del campo, Encinas se situó detrás de un apático Javi Gómez y el mejor referente de la noche se sentó en el banquillo. La grada reaccionó silbando la decisión del técnico, tan peligroso era el mensaje que mandaba a sus hombres.

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