Nuevos triunfos del club ciclista arandino

Deportes | | publicada el 29 junio, 2010 a las 6:37 pm

Informa: Diario del Duero
Esto del ciclismo es muy duro. A muchos les gusta la bicicleta, enseñamos a los niños a manejarla desde pequeños, nos damos paseos, hacemos deporte, nos hace disfrutar de paisajes que de otra manera nos pasarían desapercibidos…
Pero el ciclismo es otra cosa. Es competición. Se trata de una batalla. Dura y extenuante. Una batalla con un sinfín de rivales: todos los que toman la salida contigo, el asfalto, la lluvia, el frío y también el calor, las montañas interminables y las rectas eternas, los que no se despegan de tu rueda, los que te atacan cuando estás débil y los que no te dejan atacar cuando estás fuerte.
A veces esa batalla se vuelve más extraña e inexplicable. Te obliga a pelear contra lo intangible. Tu enemigo eres tú mismo. Los nervios y la confianza, tu debilidad física o tu fortaleza de carácter, bajar la guardia en el peor momento, un músculo que no responde, tus sentidos alerta notando cómo se escapa la energía de tu cuerpo, tus pulsaciones al límite retumbando en tu cabeza…
Esto del ciclismo es muy duro. Por todo lo anterior, pero sobre todo porque la victoria es hija del esfuerzo y del tiempo. Y porque la derrota sólo necesita un segundo.

Arrancaba la última y definitiva prueba del Trofeo Castilla y León, de nuevo en Aguilar. Roberto Méndez (Feve Bembibre) partía como líder. Ángel Gutiérrez (Gerardo de la Calle), segundo en la general. Desde hace varias carreras, sólo estos dos corredores mantenían opciones de ganar el trofeo. La vigilancia entre ellos domina el devenir de las prueba. Gutiérrez y todo el Gerardo de la Calle han intentado batir al líder con innumerables ataques. Méndez sólo se mueve si Gutiérrez se mueve. El reto estaba complicado, había que recortar 19 puntos de diferencia, es decir, Ángel debía cruzar la línea de meta 20 puestos por delante de Méndez. No es imposible. Sería una proeza, pero todo el equipo estaba preparado.

El pelotón atravesaba la localidad palentina en salida neutralizada, y a los 3 km, se daba la salida real. “Por intentarlo, que no quede”, debió pensar Ángel, paciente sufridor del control férreo que todos los equipos tienen sobre él. Y arrancó. Y estaba consiguiendo algo de ventaja sobre el pelotón. Y empezó a llover. Una de esas tormentas veraniegas, torrencial y repentina. En un segundo la carretera se convirtió en una pista resbaladiza. ¡Atención caída!, se oyó por la radio-vuelta. Cuando los coches de equipo llegaron al lugar, encontraron en el suelo corredores, bicis destrozadas, sillines arrancados, bidones esparcidos por todas partes… Y dos Gerardos. Uno era David García Bustillo. Se levantó él solo, cogió su bici y sin dar tiempo a que empezasen a doler las heridas arrancó en persecución de pelotón, que se alejaba a una velocidad increíble. No se percataron del segundo corredor. Era Ángel Gutiérrez. Desorientado y magullado, se incorporó como buenamente pudo, mientras la ambulancia recogía a algunos corredores que habían tenido peor suerte en la caída. Su flamante equipación naranja destrozada, dejaba al descubierto las heridas del golpe y las quemaduras del asfalto. En un segundo se habían esfumado sus opciones. De estar disputando una victoria y simplemente intentar mantenerse en pie. En un segundo. ¿Cómo estás? Bien, bien. ¿Seguro? Sí. ¿Puedes continuar? Sí. Venga, tranquilo. Y subió a su bici, y empezó a pedalear.
El coche de equipo le acompañó durante un rato. Pero resultaba evidente que a pesar de sus esfuerzos, iba a necesitar ayuda si quería continuar. Sus directores fueron en busca del pelotón, para llamar a todos sus corredores. Encontraron por el camino a cuatro de ellos, descolgados del grupo a causa de la caída. Mario García, Rubén Rodríguez, Iván Unsión y David García. Pie a tierra, chavales. Esperad a Ángel. Hay que meterle en el grupo como sea. Y como si de una contrarreloj por equipos se tratara, estos cuatro valientes se relevaron durante muchos kilómetros para ayudar a Gutiérrez. Uno a uno se fueron desgastando, dando todo lo que tenían.

Por delante, en el reducido pelotón, alguno debía estar frotándose las manos. Todos sabían ya que el segundo clasificado había caído. Aunque quizá no imaginaban que continuaba en carrera, muy por detrás de ellos. Lo que quedaba del Gerardo de la Calle no iba a tirar la toalla. Perdida la general, vayamos a por la carrera. Alonso Sastre, Mario Arranz y Óscar Santamaría se escapaban del grupo junto a otros seis corredores. Se entendieron y en poco tiempo lograron una ventaja de más de dos minutos. Los jueces de carrera ordenan a los coches de equipo adelantar al pelotón para asistir a sus corredores de la escapada. Ahí se pierde la pista de Ángel Gutiérrez, desde el retrovisor se veía lo lejos que estaba del grueso de carrera.

Dos corredores del equipo Navalcarnero enlazan con los fugados poco antes de meta. Y son estos once ciclistas quienes cruzan la línea con 4 minutos de ventaja sobre el pelotón. Victoria para Álvaro Martín del Cajamar. Óscar Santamaría 5º, Mario Arranz 8º y Alonso Sastre 11º.
Esos cuatro minutos se hacen interminables. No se sabe nada de Ángel Gutiérrez. Lo más probable era que hubiera perdido demasiado tiempo y los árbitros le hubieran retirado de carrera. O que las heridas no le permitieran seguir pedaleando. O que hubiese sucumbido al desánimo y a las lágrimas. Esto último sería lo más probable para una persona normal. Llegaba el pelotón, esprintando esa larga recta de meta. La punta de flecha, Roberto Méndez, con su inconfundible maillot de líder. Ya lo sabía. Era el vencedor. Detrás de él, una estela naranja, pegada a su rueda. El vencedor del trofeo cruza la línea de meta, y justo detrás, un campeón. Ángel Gutiérrez. Lo que no se vio de carrera fue que sus compañeros se desgastaron hasta que Ángel se recompuso. Cayeron uno a uno, para dar más fuerza a su compañero. Ya solo, alcanzó al pelotón y no se despegó del líder, para defender con uñas y dientes su puesto en el podio. Hubiese sido bonito poder ver las caras de ese pelotón cuando le vieron llegar.

La general quedó como estaba. Méndez, justo vencedor. Gutiérrez medalla de plata. De Julián 3º. Vencedor por equipos: Gerardo de la Calle. Por segundo año consecutivo. No se merecían menos.
A veces no hay derrotas en el ciclismo. A veces sólo hay batallas. Y no hay vencidos, sólo valientes.

Terminado el Trofeo, comienzan las vueltas. Próximo objetivo, Vuelta a Soria. Hasta entonces, tres Gerardo de la Calle convocados por la selección de Castilla y León para los Campeonatos de España de pista (1,2 y 3 de julio en Galapagar): Alonso Sastre, Óscar Santamaría y David Garcí

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